Formación permanente
Imprescindible y diversa.
Los textos legales que regulan la actividad docente incluyen la formación permanente del profesorado como factor básico de la calidad de la enseñanza, y prevén mecanismos para garantizarla. Es, pues, algo más que una mera recomendación para cualquier profesional de la enseñanza en activo.
Como educadores cristianos, esta llamada a la responsabilidad no se vive como imposición sino que es sentida como necesidad y como oportunidad de renovación, pues la fe nos llama a no dejar nunca de ser discípulos: “no está el discípulo por encima de su Maestro…” (Mt 10, 25).
La formación permanente goza de muchos cauces que pueden ser aprovechados según la inquietud de cada uno: desde la sencilla consulta sobre la actualidad religiosa en distintos medios, hasta la asistencia a alguno de la multitud de cursos que hoy día ofertan muchas instituciones, pasando por la lectura de libros y documentos que respondan a nuestra curiosidad particular. La formación que se oferta desde el Secretariado de Enseñanza es, además, una oferta imprescindible para el profesor de la ERE, que no sólo es un profesional necesitado de mejorar en su trabajo, sino además alguien que ha sido llamado a formar parte de un colectivo, a ser iglesia, y que no puede vivir esa vocación a solas. El profesor de religión no puede limitarse a ser un mero autodidacta, porque lo que transmite es una fe comunitaria.
Este curso 2011-12 continuamos con el modelo conocido: jornada de formación inicial en septiembre, cursos por vicarías en el segundo trimestre, fin de semana de mayo, encuentro de grupos de trabajo a final de curso. A eso se añaden otras citas ya conocidas que figuran en esta programación (jornadas de espiritualidad, encuentro de educadores cristianos con el obispo…). A la agenda nos remitimos pues.













